La vida es demasiado bonita como para complicárnosla de forma absurda

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Hoy quiero hablar de un tema que últimamente me inquieta mucho y lo quería reflejar con una imagen de mi tocayo Roberto Benigni en la que para mí es una de las obras maestras del cine en la época moderna, sin duda él se atrevía a romper los paradigmas que nos han enseñado.

Cuando doy una conferencia a los chavales, la primera pregunta que hago es ¿quién de vosotros cree que tiene talento? ¿Imagináis la respuesta? Por lo general, si hay 100 chavales sólo levanta la mano uno o ninguno. ¿Qué ha pasado? ¿Qué ha ocurrido para que chavales de 14-15 años que deberían tener ganas de comerse el mundo estén apocados en su sitio pensando que no valen nada? La sociedad los ha aniquilado; pasamos de ser niños con una pureza y una limpieza impresionante en nuestros ojos, a estar llenos de mierda por todos los lados. Basamos nuestra vida en miedos, iras, rabias, envidias y egos, en definitiva, nos sometemos a un sufrimiento continuo, totalmente innecesario, cuando realmente todo es mucho más sencillo de lo que parece. Cuando hay un bebé en una familia todo el mundo se acerca a él porque supuestamente “les da vida”, realmente lo que ocurre es que ese bebé es la vida en sí, es la felicidad en su más pura esencia y lo que tanto anhelamos porque nos lo han ido robando minuto a minuto.

Durante la hora que puedo compartir clase con estos chavales intento transmitirles que todos y cada uno de ellos tienen un talento innato, todos ellos tienen un sueño por el que luchar y nada ni nadie se lo puede robar, solo tienen que creerlo firmemente y comenzar a soñarlo para que un día se haga realidad. Cuanto más te digan que no se puede llevar a cabo, más tienes que creer en ti para poder realizarlo. La sociedad intentará que no lo hagas, por lo tanto si te dicen que ES UNA LOCURA, estás en el camino correcto.
Es una alegría cuando vienen al final de la conferencia y te dan las gracias por devolverles la ilusión, ya que ellos querían ser futbolistas, cantantes, pianistas o profesores de educación física, pero sus padres les dicen que eso son tonterías y que tienen que “estudiar” algo que tenga “salidas” para tener un trabajo “estable y seguro” en un futuro y entonces podrán ser “felices”.

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Creo que los padres no son conscientes de los daños que producen, con la mejor intención, así se lo han enseñado a ellos, pero la frustración de una persona cuando cumple todos esos requisitos a la perfección y se da cuenta de que no es feliz, sino que es la persona más infeliz del mundo, ya que su verdadero sueño era ser pianista, es tremenda.
Vivimos en una sociedad afiliativa donde todo se debe hacer en grupo, donde nos roban la autonomía de críos y posteriormente, el que saca los pies del tiesto está mal visto, nos educan para que todos hagamos lo mismo, para que todos vayamos por el sendero “correcto” y desde la época ancestral nos inculcan mensajes que estigmatizan el riesgo y la incertidumbre como algo negativos.

Los últimos serán los primeros y los primeros serán los últimos.

Es curiosa y a la vez es una situación que invita a la reflexión respecto a lo condicionados que estamos con esa parte de culpabilidad y cómo nos educan en el victimismo. Siempre pregunto también en mis conferencias “¿Qué es lo primero que haces cuando paras a alguien por la calle y le vas a preguntar si te puede indicar dónde está esa calle que no encuentras o si conoce una farmacia cerca?”. La gente siempre me contesta con dos palabras: DISCULPE O PERDONE y cuando nos ponemos a pensar, no se nos ocurre otra ya que es lo que nos han enseñado. Imaginaos la cantidad de porquería que llevamos encima, “DISCULPE señor, usted que va tan tranquilamente andando por la calle un domingo soleado y yo, ingrato de mí, le voy a arruinar la vida y le voy a preguntar si me puede indicar donde hay una farmacia, ¿cómo no le voy a pedir PERDÓN?” Para todo nos han enseñado a pedir perdón, la culpabilidad está presente en todas y cada una de las decisiones que tomamos en la vida y es donde entran todos nuestros miedos y complejidades absurdas. ¿Y si le molesta que le pregunte? ¿ Y si …? ¿ Y si? Nos pasamos la vida preguntándonos “¿Y si?” Y mientras nos preguntamos y si… no nos damos cuenta de la cantidad de cosas bonitas que nos estamos perdiendo por no atrevernos.

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Vivimos en una sociedad donde el error y la culpabilidad están penados sobremanera. No nos permiten cometer errores y eso nos condiciona enormemente, desde el colegio cuando te da por levantar la mano y cometes un error y tu maestro te grita “Roberto,eso ya lo expliqué ayer,no te enteras de nada ” y todos los niños se ríen de ti, hasta en nuestra educación donde todo se basa en el premio-castigo, si haces esto como se supone que está “bien” te premio, si no, te castigo. Cuando le decimos a un niño “pórtate bien” no somos conscientes que le estamos transmitiendo una postura tremendamente egoísta y es “pórtate como a mí me gustaría que te portaras” por lo tanto como yo no quiero ser tonto ni quiero que me castiguen y ser un niño “bueno”, empiezo a tomar un rol donde me acomodo y me voy dejando llevar para que toda la sociedad me diga qué tengo que hacer, dónde lo tengo que hacer y cómo lo tengo que hacer en vez de pelear por mis sueños y sacar todo mi talento.

Pongo siempre un ejemplo en clase que me gusta mucho y es preguntar “Imagina que entras a un supermercado y tienes dos opciones, 1) tienes un carro con todos los productos que te gustaría tener ya terminado, lo han preparado para ti, solo listo para dejar las cosas en caja y pagar, 2) la otra opción es recorrer todos los pasillos del supermercado, dedicarle media hora a ir eligiendo los productos que más te gusten y luego ir a pagar”. ¿Sabéis qué opción escoge el 99% de la gente? La segunda. Preferimos recorrer el supermercado, preferimos dedicar media hora a elegir qué productos queremos, porque es algo que conocemos y es algo que nos aporta esa capacidad para decidir que nos han robado; sin embargo la reflexión es ¿Por qué dedicamos tanto tiempo a cosas sin relevancia y luego, lo más importante y por lo que estamos aquí que es nuestra vida, dejamos que otros elijan por nosotros y nos dejamos llevar por todo lo que nos dicen que es lo correcto o lo incorrecto?

Realmente porque esta decisión no es tan fácil ya que como digo, estamos muy muy condicionados desde críos y salirse del sendero es realmente complicado.

¿Por qué no mandamos nuestros miedos al carajo? ¿Miedo al qué dirán los demás de mi forma de pensar? ¿Miedo a que se rían de mis sueños?, ¿Miedo al fracaso porque todo el mundo está deseando señalarte con el dedo para decir la frase que más nos gusta en la sociedad española: TE LO DIJE . Atrevámonos a darle una patada a todos estos miedos y ser nosotros mismos, de verdad, sin máscaras.

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Me estoy dando cuenta de que la vida es mucho más sencilla de lo que pensaba, que quiero volver a ser un niño, quiero que toda esa sencillez vuelva a mí. Os contaré que empecé el otro día haciendo un ejercicio muy sencillo cuando eres niño y a la vez tremendamente complejo cuando eres adulto: diciéndole a mi padre TE QUIERO. Se lo dije igual que cuando era un niño, porque cuando eres niño, eres vida, eres esencia, eres luminosidad, eres brillo y cuando un niño te dice TE QUIERO, te transmite sensaciones difíciles de explicar y sin embargo, cuando nos hacemos adultos, situaciones tan sencillas como decirle TE QUIERO a una persona a la que realmente quieres se hacen un mundo y pensamos “¿pero cómo le voy a decir yo a mi padre TE QUIERO?”. Vaya tontería, si no se lo he dicho nunca, si él ya lo sabe, si en mi familia no se dicen esas cosas, etc. Y de nuevo nuestra película del “y si”… comienza a rodar, como digo, quiero que el final de esa película sea mucho más sencillo de lo que ha sido hasta ahora, puesto que la vida es demasiado bonita como para complicárnosla de manera absurda. Sólo quiero eso, algo tan simple como recuperar mi yo niño y que cuando ese niño me mire a los ojos no se sienta decepcionado con lo que soñaba que iba a ser cuando fuera mayor..

Me despido con una frase del escritor Carlos  Castañeda que me viene a la mente en estos momentos y que me encanta, la frase dice así:

¿Tiene corazón este sendero? Si es así, adelante, si no es así, te garantiza dolor.

Que tengas buen día.

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